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CEI3



N - La piedra desechada
webmaster / Miércoles 5 de marzo de 2008
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 Es un arduo reto para una recolectora de piedras buscar en la historia personal la piedra que ha desechado.

 Desde hace mucho tiempo la piedra entró en mi vida cobrando gran significado, me refiero a esa piedra bruta que se encuentra en el camino, o a la orilla de una playa o en las simientes de un río; mi colección era amplia, abarcaba todos los tamaños y colores y se incorporaron incluso a mi trabajo profesional, a mi casa, a las plantas constituyendo también parte de los adornos que recordaban la cotidianidad, olvidadas allí, quizás formaron parte de un paisaje y una estructura que estaban incorporados a mi vida. Mis amigos me regalaban piedras, mis seres más queridos las recogían conmigo en la playa y esos momentos nos llevaban a comentar sobre las texturas, las grietas, los colores y las sombras que se entremezclaban en esa masa inerte que cobraba vida y a la cual le imprimíamos alma. Sin embargo, muchas veces hubo una piedra desechada, que lanzábamos muy lejos porque aparentemente era insignificante, pero estaba allí con ganas de jodernos la vida reclamando ser tomada en cuenta y recordarnos: “que hay de todo en la viña del Señor”.

 Posteriormente fueron llegando las piedras mágicas, ya talladas, al principio impresionaron y fueron colocadas en lugares relevantes de la casa para dar “protección” para atraer “buenas energías” para alejar “los malos espíritus” y pude establecer la diferencia entre esa piedra que me regalaba la naturaleza, símbolo de primitivismo y libertad y esa piedra a la que se le atribuía un poder especial porque como humanos nos sentimos limitados y tendemos a dotar de atributos a ciertos objetos para obtener alivio y seguridad en lo que representa el vivir. Así, mi casa se convirtió en un santuario de piedras con sus respectivas vibraciones energéticas y allí en el diario vivir parecen que cielo y tierra hablaran para ponerse de acuerdo…..

 En este viaje de imaginación activa, me conecté con sueños, poemas , cuentos para ver si daba algún significado a esa piedra innoble que había desechado, en mis sueños descubrí petroglifos donde mi ego decía: “esto no me lo enseñaron las monjas”, en otro sueño tres menhires se alzaban en una carta que me leía una adivina en una noche de luna llena y donde me advertía del peligro que podía estar corriendo, en otro atravesaba las salas de un castillo donde diversos elementos se me ofrecían pero yo buscaba el oro tallado, muchos símbolos y significados, pero la piedra innoble, desechada no aparecía.

 Posteriormente y tratando de darle cuerpo a la simbólica de la piedra, me di cuenta que si hay muchas piedras desechadas, que quizás tienen que ver con situaciones y personas muy cercanas a mí, pero que son imposibles de concretizar en un objeto, así que traté de buscar un algo que me hubiese marcado de infancia, que pudiese tomar cuerpo y trasmitir sentido en un obsequio y la encontré sigilosa, siempre al acecho, infundiendo mucho miedo, amenazante, como si su expresión y reconocimiento robara una parte de mi esencia femenina, ella me invitaba a diferenciar, a marcar límites, a proteger espacios, me hablaba de la necesidad de su presencia, y fue entonces, que la imagen de la espada fue surgiendo en mí como principio diferenciador .Me permito citar una frase de la Biblia:“Traigo la espada para hacer la paz”….

Comparto con ustedes un fragmento de un poema de Octavio Paz y que puede servir para amplificar la imagen de la Piedra.

 

Hay piedras que no ceden, piedras hechas de tiempo, tiempo de piedra, siglos que son columnas,
asambleas que cantan himnos de piedra,
servidores de jade, jardines de Obsidiana, torres de mármol,
alta belleza armada contra el tiempo.
Un día rozó mi mano toda esa gloria erguida.
Pero también las piedras pierden pié, también las piedras son imágenes
Y caen y se disgregan y confunden y fluyen con el río que no cesa.
También las piedras son el río
¿Dónde está el hombre, el que da vida a las piedras de los muertos, el que hace hablar a piedras y muertos?
Las fundaciones de la piedra y de la música
La fábrica de espejos del discurso y el castillo de fuego del poema
enlazan sus raíces en su pecho, descansan en su frente: y el los sostiene a pulso.
Tras la coraza de cristal de roca busqué al hombre, palpé a tientas la brecha imperceptible:
nacemos y es un rasguño apenas la desgarradura y nunca cicatriza y arde y es una estrella de luz propia
nunca se apaga la diminuta llaga, nunca se borra la señal de sangre, por esa puerta nos vamos a lo oscuro.
También el hombre fluye, también el hombre cae y es una imagen que se desvanece…”


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La piedra desechada   


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